domingo, 1 de abril de 2012

¿Por qué la gente no lee más poesía?


El nuevo lector.


Por: Cicco.


Leer es un estado de ánimo. Pero, así como viene la cosa, cada día más lectores tienen el mismo ánimo por el piso, es decir para el lado de la no ficción. Cada vez más personas que consumen a razón de tres títulos al mes, desde hace años, renunciaron a leer novelas. Antes leían literatura beat, se entusiasmaban con Bolaño y Murakami, Fogwill y los Lamborghini. Pero algo en su actitud cambió, y, desde entonces, no quieren cosas inventadas. No lo digieren. Sólo es de su interés el episodio concreto, verificable, cercano o remoto. La vida, para ellos, se convirtió en un largo noticiero. Y la fantasía, se dejan a Disney.




Es, en ese orden de cosas, que la poesía ha quedado al final del camino. Un siglo atrás, ser poeta era una apuesta de vida, un manifiesto de rebeldía, libertad, romántico y utópico. Los poetas instalaban una mirada, una forma de vivir, un cuerpo de ideas de vanguardia que luego se debatía en otros ámbitos. Cuando había algo nuevo que decir, el mundo miraba con atención el nuevo libro del poeta del momento. Hoy, los poetas son como los fumadores: antes de sacar un poema, piden disculpas y se van a pitar sus estrofas a la vereda.


La poesía es la nueva marginada del arte. Antes era un honor llamarse poeta. Ahora, es incluso sospechoso. “Ok, sos poeta”, dirá uno, “pero, ¿de qué trabajás?”. Los grandes sellos editoriales erradicaron la poesía de sus títulos –quedan perdidos, los libros de Galeano y Benedetti-, ante el avance de la no ficción, de los autores celebrities mediáticos, y de la autoayuda improvisada.


En la Argentina, según la Cámara del Libro se editan XXXX de títulos de poesía al año. Son migajas a comparación de los XXX de novelas y los XXXX libros periodísticos. Según el Sindicato de Escritores unos XXXX de autores locales representan el género. En lo personal, cuando tenga tiempo, me voy a ocupar de encontrar las cifras. Pero hoy me siento un poco vago.


Escribir poesía es como el rin raje, actividades que ya nadie practica. Fui a dos recitales de poesía y tuve la misma sensación que cuando uno ve una banda de rock juvenil o va a un partido de Sacachispas: sólo estaban los amigos y la familia.


Salvando el hecho de que, abundan los nuevos poetas que, para no perderse, escriben para poetas. Esto sucede en todo género pequeño donde para sobrevivir en un mercado de público nulo, hay que ser reconocido por los pares. Hay un mundo allí afuera que es una pena perdérselo.


A pesar de lo que digan los medios, sobre la aldea global e internet, la vida es cada día más unidireccional, uniforme y estrecha. Justo ahora: cómo necesitamos a los buenos poetas para que abran las ventanas de la casa, corran las cortinas y vuelen los techos. Eso es lo que hace la poesía con uno: quita el suelo, corta las raíces y te deja en el aire. Leer poesía es como entrar al sueño despierto. Puede ver los cruces que jamás ha visto. Trae la muerte a la vida. Las conexiones mentales que tu cerebro habituado al quehacer diario jamás estableció. A los fantasmas, los poetas les devuelven el cuerpo. Se conjura la rutina. La poesía se caga encima de la razón, los calendarios, los esquemas. Lo bien que hace.


Sinceramente, no sé qué sería de mi vida sin los poemas de Olga Orozco, la madrina literaria de PIzarnik –y notoriamente más volada-. O el asombro doméstico de ese hechicero llamado Joaquín Gianuzzi. El encanto rural de Emily Dickinson, que tuvo a su mamá paralítica toda su vida y se enamoró de un tipo al que sólo vio cuatro veces. La nostalgia existencial de un oficinista onda Kafka pero portugués y llamado Pessoa. O la oscuridad asesina de Sylvia Plath, Rimbaud, Pound, Baudelaire, que nunca temieron en decirlo todo


No te volverás más inteligente leyendo poesía. No te volverá más rico. Ni más eficiente. Ni resolverá tus problemas de pareja. La poesía no te enseña a coger mejor o a tener multiorgasmos. No te muestra la fórmula para escalar en la empresa o ganar a la ruleta. Lo que tiene para enseñarte la poesía no es de este mundo. No hay forma de pesar el mérito de un poema. O de resolverlo en una fórmula y medir su equivalente en guita. Abandonada, marginada ,silenciada, la poesía sigue en el fondo del cesto aún dispuesta a salvarte sin pedirte nada a cambio. Sólo te pide que apagues el noticiero y estés dispuesto a soñar con los ojos abiertos.


Fuente: Hipercrítico en Twitter:
http://www.twitter.com/hipercritico


Nota enviada por Rubén Vedovaldi



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