viernes, 6 de abril de 2012

Homenaje de Carta Abierta Francia a Eduardo Luis Duhalde


La Muerte no duele, pero sobrevivir, sí


Por María Lagrange

Miembro de Carta Abierta Francia


“La memoria, no es el simple recuerdo. Es la resignificación de ese recuerdo, analizado en todas sus implicancias y en vistas a la construcción del presente y del futuro, como los elementos constitutivos de ese período de horror, que tenemos que lograr que sea comprendido por nuestras generaciones y las sucesivas, para que el “nunca más” no sea simplemente una petición de principios o una consigna, sino para que en Argentina no vuelva a suceder”. Eduardo Luis Duhalde


Murió en Buenos Aires a los 72 años, Eduardo Luis Duhalde, designado en la Secretaría de Derechos Humanos por el gobierno de Néstor Kirchner, en 2003, y ratificado por la presidenta Cristina Fernández en 2007 y 2011. Fue uno de los artesanos de la Patria de Derecho que está forjando la Argentina desde el 2003 y personalidad clave, en la construcción del pilar central del proyecto Nacional y Popular que coloca a los Derechos Humanos en el centro de su fundación con los juicios por la verdad, la memoria y la justicia .


En Argentina cuando se dice “Nacional”, se refiere a la descolonización cultural, política y económica de nuestro territorio, y como “Popular” se entiende el objetivo de inclusión fraterno y solidario de todos los miembros de la Nación. El virreinato, retoño de la monarquía, estaba fundado en un estado de privilegios y castas que utilizaba una justicia discriminatoria y de indultos, sin miramientos a la condición humana, aplicando abusos y arbitrariedades a las personas. La revolución de 1810 funda el Estado de derecho, igualitario y libre que constituye la guía y el lineamiento del pensamiento argentino independiente.


Diseñar una visión universalizada de los Derechos Humanos, de modo que abarque todas las áreas del hombre, la mujer y sus niños, requiere el trabajo arduo y meticuloso de orfebres de la justicia, pero también de la memoria. Y si algo es intachable en la trayectoria de este compañero, es su lealtad ideológica a los valores que lo formaron en su temprana juventud como militante, en los espacios de lucha que compartió con Ortega Peña, como los que él mismo creó desde su dolor de sobreviviente, donde esta noción fundamental de la República fue la idea madre del diseño de Justicia.


La Justicia es entonces, un valor de la humanidad, y como tal es un concepto, solo que a la hora de bajar las anclas y aplicarlo en la sociedad, toda la historia personal cobra un sentido sustancial, ya que es el genio del oficio de jurista y filósofo del derecho que le dará forma humanizada al arquetipo, pero es el militante de terreno, el hombre de combate, el sobreviviente, el que verterá la ética en cada acto cotidiano, en cada reglamento, en cada norma, en cada protocolo, guiado por su memoria del combate por el mundo en el que queremos vivir. ¡Cuántas veces se borra con los codos en el terreno cotidiano, lo que costó vidas conseguir en el terreno del concepto!


Una Secretaría de Derechos Humanos, puede ser un conjunto de puestos y oficinas del Estado que trabajan bajo un orden ya establecido, pero en las manos de Eduardo Luis Duhalde fue mucho más que eso, fue un instrumento político de alta creatividad social. En sus manos, fue un medio de injerencia en los espacios culturales más oscuros y sórdidos de nuestra civilización, donde las víctimas allí abandonadas desde hace siglos, ya no soñaban ni remotamente un rescate. El abogado estuvo allí, penetró los estratos temibles de la condición humana, refutó la idea de imposible, la idea de impenetrable, de zona, e iluminó la conciencia social aportando rescate. Rescatar es un acto heroico, dignifica a toda la sociedad y dignifica al rescatado que se convierte a su vez en digno de ese rescate. Salvar a otros es el acto más noble de nuestra especie y solo es posible cuando se ama a la humanidad, cuando se honra la vida como él supo hacerlo.


Sobrevivir es una responsabilidad. La memoria de los caídos y las víctimas del terrorismo de Estado, es el deber que se autodesignan quienes conjugan tozudamente los verbos en ¡Presente! Continúan las postas, bregan, piden, escuchan, preguntan, averiguan, analizan, reflexionan, interpretan, corroboran, contra viento y marea. Viven y reviven las historias, las amasan, las trabajan, las estacionan, las retoman, hasta constituir una masa compacta de sentido, homogénea, coherente, única: la verdad. ¿Qué buscan? Justicia. ¿Qué crean? Memoria.


Desde el pensamiento de Eduardo Luis Duhalde, es el concepto de la figura de la víctima que cambia radicalmente en los estrados de los tribunales argentinos. Por ende también cambió el rol del Estado al que se le atribuyen obligaciones hacia la persona. Dejando de ser esta condición una deshonra para la persona, se fortalece la figura del testigo, y del testimonio de la víctima. La más afectada por este cambio es la condición femenina que desde el 2003, el Gobierno Nacional y los distintos Poderes del Estado Nacional impulsaron diversos instrumentos legales para combatir la trata de personas y asistir a sus víctimas. Entre ellos, la Ley 26.364 de Prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas, sancionada en 2008; la promulgación del Decreto 936/2011 de Erradicación de la difusión de mensajes que estimulen o fomenten la explotación sexual; la creación de la Oficina de rescate y acompañamiento a las personas damnificadas por el delito de trata; y la aprobación de la resolución 742/2011 que instrumenta el Protocolo de actuación de las fuerzas federales para el rescate de las víctimas de trata de personas.


Con Eduardo Luis Duhalde se escurren entre los dedos todos los tiempos de verbo. Sucesos del pasado, acción en el presente y construcción del futuro, se vuelven artificios de la gramática a la hora de ordenar la labor de este hombre gigante del coraje y el amor. Despido a este entrañable compañero desde lejos, desde donde lo conocí, el saludo cordial en las diversas reuniones y conferencias en la Embajada Argentina en París. Lo recuerdo pausado, sutil, cuando en el 2006 la Embajada se agitaba palpitante, reuniendo todas las familias del exilio para homenajear la memoria condecorando a los justos franceses que contribuyeron con los Derechos Humanos en Argentina. Lo recuerdo también en la UNESCO, donde lo vi por última vez, en el premio que se le otorgó al trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo. Conservo de él su imagen amable, su inmensa discreción y la incontestable fuerza moral de sus palabras.


París, 4 de abril de 2012
Fuente: www.cartaabiertafrancia.wordpress.com/  

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